004 El bosque Prohibido

Criaturas y Secretos en el Bosque Prohibido

Un día, Íryan y sus amigas decidieron explorar el bosque prohibido, a pesar de las advertencias de los profesores. Querían ver si encontraban alguna criatura mágica interesante o algún tesoro escondido. Se llevaron sus varitas y algunas provisiones, y se escabulleron por la noche, cuando todos dormían.

Entraron en el bosque con cautela, iluminando el camino con sus varitas. Al principio, todo parecía tranquilo y silencioso, solo se oían los crujidos de las ramas y las hojas. Pero pronto, empezaron a escuchar unos ruidos extraños, como si algo grande y pesado se moviera entre los árboles.

  • ¿Qué es eso? - preguntó Nicole, asustada.
  • No lo sé, pero no me gusta - respondió Bruna.

  • Vamos a investigar - propuso Irina, con curiosidad.
  • ¿Estás loca? - exclamó Íryan - Podría ser peligroso.
  • No seas cobarde - la retó Irina - Seguro que es solo un animal inofensivo.

  • Bueno, yo voy con Irina - dijo Bruna - No quiero perderme la diversión.
  • Yo también - dijo Nicole - No quiero quedarme sola.
  • Está bien, está bien - cedió Íryan - Pero tengamos cuidado.

Las cuatro chicas siguieron el ruido, cada vez más fuerte y más cercano. De repente, se encontraron frente a una enorme telaraña que cubría todo el espacio entre los árboles. Y detrás de la telaraña, había una araña gigante, del tamaño de un elefante, con ocho ojos brillantes y colmillos venenosos.

  • ¡Aaaah! - gritaron las chicas al unísono.
  • ¡Es una acromántula! - exclamó Íryan, reconociendo la criatura.

  • ¡Corred! - ordenó Nicole.
  • ¡Demasiado tarde! - dijo Irina, viendo que la araña se lanzaba hacia ellas.



Las chicas intentaron escapar, pero la araña fue más rápida y las atrapó con su telaraña. Las envolvió con su seda pegajosa y las arrastró hacia su guarida, donde había más arañas de su especie, esperando su cena.

  • ¡Socorro! - gritaban las chicas, sin poder moverse.
  • ¡Nadie nos oirá! - lloraba Nicole.
  • ¡Estamos perdidas! - se lamentaba Bruna.

  • ¡No podemos rendirnos! - decía Íryan - Tenemos que luchar.
  • ¿Cómo? - preguntaba Irina - No podemos usar nuestras varitas, están atrapadas en la telaraña.
  • Pues tenemos que usar nuestra inteligencia - respondía Íryan - Y nuestra amistad.
  • ¿Qué quieres decir? - preguntaba Bruna.

  • Quiero decir que tenemos que trabajar juntas - explicaba Íryan - Y confiar las unas en las otras.
  • ¿Y cómo hacemos eso? - preguntaba Nicole.
  • Pues... - Íryan se quedó pensativa un momento - Pues... tenemos que hablar con ellas y que vean que no somos enemigas y que queremos ser sus amigas.
  • ¿Qué? - exclamaron las otras tres, incrédulas.

  • Sí, sí - insistía Íryan - Tenemos que hablarles en su idioma, y decirles que somos sus aliadas, y que queremos ayudarlas.
  • ¿Y cómo sabes su idioma? - preguntaba Irina.
  • Lo leí en un libro - respondía Íryan - Se llama "El lenguaje de las arañas".
  • ¿Y crees que nos creerán? - preguntaba Bruna.
  • No lo sé, pero tenemos que intentarlo - decía Íryan - Es nuestra única esperanza.
  • Bueno, pues adelante - decía Nicole - Tú eres la que sabe hablar con ellas.
  • Está bien - decía Íryan, respirando hondo - Aquí voy.


Íryan se dirigió a la araña más grande, que parecía ser la líder, y le dijo:

  • Hola, amiga araña. Somos unas viajeras que venimos a visitar tu hermoso bosque. No queremos hacerte daño, ni a ti ni a tus hijos. Solo queremos conocer tu cultura y tu forma de vida.
  • Irina, entonces dijo “Sí, Aracne, somos tus amigas. No queremos hacerte daño, ni a ti ni a tus hijos. Solo queremos aprender de ti y de tu sabiduría.”
  • A lo que Bruna siguió diciendo: “Sí, Aracne, somos tus amigas. No queremos robarte, ni a ti ni a tus hijos. Solo queremos compartir contigo y con tu belleza.”
  • Y finalmente Nicole: “Sí, Aracne, somos tus amigas. No queremos matarte, ni a ti ni a tus hijos. Solo queremos convivir contigo y con tu bondad.”

  • Iryan tuvo que traducirlo al lenguaje de las arañas y añadió. Solo queremos conocer tu cultura y tu forma de vida.
  • La araña se quedó sorprendida al oír a la chica hablar su idioma. La miró con curiosidad, y le respondió:
  • Hola, viajera. No sois como los otros humanos que vienen a nuestro bosque. Ellos nos atacan, nos roban, nos matan. ¿Por qué sois diferentes?
  • Porque respetamos a todas las criaturas, grandes y pequeñas - dijo Íryan - Porque yo y mis amigas creemos que todos tenemos algo que aportar al mundo. Porque nosotras somas magas, y tú eres una acromántula, y todas somos hijas de la naturaleza.


La araña se quedó pensativa, y le dijo:

  • Eres muy sabia, viajera. Y muy valiente. No tienes miedo de hablar conmigo, ni de mirarme a los ojos. ¿Cómo te llamas?
  • Me llamo Íryan - dijo la chica - Y estas son mis amigas: Nicole, Bruna e Irina.
  • Un placer, Íryan y amigas - dijo la araña - Yo me llamo Aracne, y soy la reina de las acromántulas.

  • Un honor, Aracne - dijo Íryan - ¿Podrías hacerme un favor?
  • Depende - dijo la araña - ¿Qué quieres?
  • Quiero que nos sueltes - dijo Íryan - Quiero que nos dejes ir.
  • ¿Por qué? - preguntó la araña - ¿No quieres quedarte con nosotros? ¿No quieres ser nuestra amiga?

  • Claro que quiero - dijo Íryan - Pero tenemos que volver a mi colegio. Tenemos que seguir aprendiendo magia. Y tengo que cumplir mi destino.
  • ¿Qué destino? - preguntó la araña.
  • No lo sé - dijo Íryan - Pero lo sabré cuando llegue el momento.
  • ¿Y cómo sabes que llegará el momento? - preguntó la araña.
  • Porque lo siento - dijo Íryan - Porque lo llevo en el corazón.


La araña se quedó impresionada por las palabras de la chica. La vio con admiración, y le dijo:

  • Eres muy especial, Íryan. Eres diferente a los demás humanos. Eres una chica extraordinaria, con un gran poder y un gran destino. Y yo te voy a ayudar.
  • ¿De verdad? - preguntó Íryan, ilusionada.
  • Sí, de verdad - dijo la araña - Te voy a soltar, a ti y a tus amigas. Y te voy a dejar ir. Pero a cambio, me tienes que prometer algo.

  • ¿Qué? - preguntó Íryan.
  • Que volveréis a visitarme - dijo la araña - Que no me olvidarás. Que serás mi amiga.
  • Te lo prometo - dijo Íryan.
  • Entonces, está hecho - dijo la araña - Ahora, podéis iros. Y cumple tu destino.


La araña cortó la telaraña que envolvía a las chicas, y las liberó. Las chicas se abrazaron, y le dieron las gracias a la araña.

Antes de que las chicas se fueran, Aracne les hizo un regalo. Les dio a cada una un colgante de telarañas, tejido con su propia seda. Les dijo que era un símbolo de su amistad, y que también tenía un poder especial.


  • Este colgante os permitirá comunicaros con las arañas - les explicó Aracne - Podréis hablar con ellas, entenderlas y hablar conmigo a distancia. También os protegerá de su veneno, y de cualquier otro peligro que os aceche en el bosque.

  • ¡Qué maravilla! - exclamaron las chicas, admiradas.
  • Gracias, Aracne - dijeron las cuatro.
  • De nada, Íryan y amigas - dijo la araña - Recordad vuestra promesa.
  • Sí, sí - dijeron las chicas - Volveremos a visitarte. No te olvidaremos. Seremos tus amigas.


Y así, las chicas se despidieron de la araña, y se pusieron los colgantes en el cuello. Sentían una conexión especial con las acromántulas, y con el bosque. Y sabían que ese regalo les sería muy útil en el futuro.

Las chicas salieron corriendo del bosque, felices y aliviadas. Pero cuando llegaron al borde, se encontraron con una sorpresa.

Allí estaban sus hermanos, Itzan y Jeran, junto con Harry Potter, Ron Weasley y Hermione Granger. Los tres famosos magos habían ido al bosque a buscar a las chicas, preocupados por su desaparición. Y se habían encontrado con los hermanos, que también habían salido en su búsqueda.

  • ¡Íryan! ¡Nicole! ¡Bruna! ¡Irina! - exclamaron los hermanos, aliviados de verlas.
  • ¡Itzan! ¡Jeran! - exclamaron las chicas, felices de verlos.
  • ¿Estáis bien? - preguntaron los hermanos.
  • Sí, sí, estamos bien - respondieron las chicas.

  • ¿Qué habéis hecho? - preguntaron los hermanos.
  • Hemos... hemos... - las chicas no sabían cómo explicarlo.
  • Han estado hablando con las acromántulas - intervino Harry Potter, que había oído toda la conversación entre Íryan y Aracne.
  • ¿Qué? - exclamaron los hermanos, sorprendidos.

  • Sí, sí - confirmó Ron Weasley - Y les han convencido para que las dejen ir.
  • ¿Cómo? - preguntaron los hermanos.
  • Con su inteligencia y su amistad - respondió Hermione Granger - Han demostrado un gran valor y una gran astucia.

  • Wow - dijeron los hermanos, impresionados.
  • Sí, wow - dijo Harry Potter - Sois unas chicas increíbles. Habéis hecho algo que nadie había hecho antes.
  • Gracias - dijeron las chicas, sonrojadas.
  • De nada - dijo Harry Potter - Pero ahora, tenemos que volver al colegio. Antes de que nos descubran.
  • Sí, sí - dijeron las chicas - Vamos.


Los nueve magos salieron del bosque, y se dirigieron al castillo. Pero cuando llegaron, se encontraron con otra sorpresa. Allí estaba la profesora McGonagall, esperándolos con cara de pocos amigos.


  • ¿Dónde habéis estado? - les preguntó, severa.
  • Hemos estado... hemos estado... - los magos no sabían cómo explicarlo.
  • Han estado en el bosque prohibido - intervino la profesora McGonagall, que lo sabía todo.

  • ¿Qué? - exclamaron los magos, asustados.
  • Sí, sí - confirmó la profesora McGonagall - Y han estado hablando con las acromántulas.
  • ¿Cómo? - preguntaron los magos.

  • Con su inteligencia y su amistad - respondió la profesora McGonagall - Han demostrado un gran valor y una gran astucia.
  • ¿Qué? - exclamaron los magos, confundidos.
  • Sí, sí - repitió la profesora McGonagall - Y por eso, os voy a felicitar.
  • ¿Qué? - exclamaron los magos, incrédulos.

  • Sí, sí - insistió la profesora McGonagall - Habéis hecho algo que nadie había hecho antes. Habéis establecido un vínculo con las acromántulas, unas criaturas que siempre han sido temidas y odiadas por los humanos. Habéis demostrado que la magia no es solo poder, sino también comprensión y respeto. Habéis demostrado que sois unos magos excepcionales. Y por eso,
    os voy a dar 50 puntos a cada uno, para vuestras respectivas casas.
  • ¿Qué? - exclamaron los magos, alucinados.
  • Sí, sí - concluyó la profesora McGonagall - Y ahora, id a dormir. Mañana será otro día.


Los magos no podían creer lo que oían. Se miraron unos a otros, y sonrieron. Habían vivido una aventura increíble, y habían hecho unos amigos inolvidables. 


Unos días después, mientras paseaban por el bosque, Íryan y Bruna vieron una araña herida. Era una acromántula pequeña, que tenía una herida sangrante en una de sus patas. Al parecer, había sido atacada por algún animal salvaje.

  • ¡Pobrecita! - exclamó Íryan, compasiva.
  • ¡Yo no voy a acercarme! - dijo Bruna, temerosa.
  • No digas eso - le reprochó Íryan - Es una criatura viva, que siente y sufre. Además, es una amiga de Aracne, nuestra amiga.
  • Bueno, bueno - dijo Bruna - No hace falta que te pongas así. ¿Qué quieres hacer?

  • Quiero ayudarla - dijo Íryan - Quiero curarla.
  • ¿Cómo? - preguntó Bruna.
  • Con un hechizo - respondió Íryan - Con un hechizo de sanación.
  • ¿Sabes hacerlo? - preguntó Bruna.
  • No, pero lo podemos aprender - dijo Íryan - Tenemos nuestros colgantes, que nos permiten comunicarnos con las arañas. Podemos preguntarle a Aracne, que seguro que sabe.
  • Está bien - dijo Bruna - Vamos a intentarlo.

Las dos chicas se acercaron a la araña herida, con cuidado de no asustarla. Le hablaron en su idioma, y le dijeron que querían ayudarla. La araña les miró con agradecimiento, y les dijo que sí. Entonces, las chicas usaron sus colgantes para contactar con Aracne, y le pidieron que les enseñara el hechizo de sanación. 

Aracne les dijo que era un hechizo muy simple, que solo requería pronunciar unas palabras y mover la varita. Les dijo las palabras, y les mostró el movimiento. Las chicas lo repitieron, y apuntaron con sus varitas a la herida de la araña. Un rayo de luz verde salió de sus varitas, y envolvió la herida. La herida se cerró, y la sangre se detuvo. La araña se sintió mejor, y les dio las gracias. Las chicas se alegraron, y le dieron un abrazo. Habían hecho algo bueno, y se sentían orgullosas.


Cuando se estaban despidiendo de la araña herida y se disponían a marcharse oyeron un ruido entre los árboles. Era Aracne, la reina de las acromántulas, que venía a ver qué pasaba.

  • Hola, Íryan y Bruna - les dijo Aracne, con una voz amable.
  • Hola, Aracne - le dijeron las chicas, con una sonrisa.
  • He venido a agradeceros que hayáis curado a mi hija.

  • ¿Tu hija? - preguntaron las chicas, confusas.
  • Sí, mi hija - dijo Aracne, señalando a la araña que habían curado - Ella es mi hija menor y futura reina. Se llama Selene por su color plateado que brilla a la luz de la luna. 

  • ¡Qué bonito nombre! - exclamó Íryan.
  • Gracias - dijo Aracne - Ella es muy querida por mí. Y por eso, os estoy muy agradecida. Habéis salvado su vida.
  • No hay de qué - dijeron las chicas, modestas.
  • Sí, hay de qué - dijo Aracne - Habéis hecho algo que nadie había hecho antes. Habéis demostrado que os importan las arañas, y que sois capaces de ayudarlas. Habéis demostrado que sois unas verdaderas amigas.
  • Gracias - dijeron las chicas, emocionadas.

Y así, las chicas se despidieron de Aracne y de Selene, y se marcharon del bosque. Pero no fue un adiós definitivo, sino un hasta pronto. Porque sabían que volverían a verlas, y que seguirían compartiendo aventuras y secretos. Porque sabían que eran unas amigas para siempre.


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